La música puede ser el eje conductor para lograr infancias felices en las situaciones más complicadas
La infancia debería ser siempre un tiempo precioso para jugar, aprender, crecer y soñar con el futuro. Pero no siempre es así. Por eso, en 1982, las Naciones Unidas —consternadas ante el sufrimiento de la infancia palestina y libanesa— decidieron que cada 4 de junio se conmemoraría el Día Internacional de l@s Niñ@s Víctimas Inocentes de Agresión. Es una fecha en la que conviene recordar que hay millones de niños envueltos en guerras y situaciones de violencia extrema en el mundo. Sin embargo, las agresiones pueden ocurrir en cualquier lugar: en casa, en la escuela o en la calle.
Cientos de proyectos (desde el Milagro de Candeal al sistema de orquestas y coros de Venezuela, por citar los más mediáticos) han demostrado que la música puede ser el eje conductor para lograr infancias más felices en las situaciones más complicadas. Porque, como decía el poeta Mario Benedetti: “La infancia es a veces un paraíso perdido.
La música puede ser el eje conductor para lograr infancias felices en las situaciones más complicadas
Pero otras veces es un infierno de mierda.” En España, por ejemplo, la ONG Save the Children calcula que 800.000 niños son víctimas de violencia de género y perciben las agresiones como algo normal en su día a día familiar. UNICEF, por su parte, estima que la mayor parte de los actos de violencia contra los niños los cometen personas que éstos conocen y en quienes deberían poder confiar e ir en busca de protección y apoyo.
Un lenguaje expresivo
“Es responsabilidad de los adultos hacerse cargo de las agresiones físicas o emocionales causadas a los niños”, señala la musicoterapeuta Cecilia Barrios. En sus talleres de musicoterapia infantil, celebrados en instituciones como NENS DEL MÓN, de Barcelona, ha podido comprobar cómo “mediante la creación de canciones, juegos y rondas musicales, se pueden detectar las agresiones de las que el niño o niña es víctima. A través de estos juegos, encuentran la libertad de expresar situaciones a las que no saben poner nombre”.
Mediante la utilización del sonido, el ritmo, la melodía y la armonía; la musicoterapia es capaz de mejorar la autoestima, la afectividad y la expresión emocional.
Esto es así porque la música es, en efecto, un lenguaje expresivo. Mediante la utilización del sonido, el ritmo, la melodía y la armonía; la musicoterapia es capaz de mejorar la autoestima, la afectividad y la expresión emocional. De este modo, los niños y niñas víctimas de agresión encuentran una oportunidad para enunciar y procesar esta agresión. Sus emociones emergen de forma constructiva: “El amor, la alegría y la solidaridad brotan como sentimientos positivos durante el proceso musical, ocupando el espacio de otros sentimientos perjudiciales”, explica Cecilia.
Beneficios de la musicoterapia para los niños y niñas víctimas de agresiones:
Capacidad para distinguir formas correctas e incorrectas de expresar la ira.
Aprender los diferentes tipos de maltrato y clarificar los sentimientos de culpabilidad que éstos generan.
Incrementar la a
utoestima y potenciar la confianza en sí mismos.
Liminar estereotipos relacionados con los roles ejercidos por hombres y mujeres en la sociedad y en la familia.
Dotar de estrategias para se sientan seguros Aprender técnicas de comunicación y resolución de conflictos. Prevenir las situaciones de abuso en un futuro.
FOTO: David garzón


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